Coaching nutricional para la mujer

¿Qué tal estás?

Vengo para hablarte de algo que siempre intento evitar en mi consulta: la báscula. Aunque debo decir que yo peso a las personas que vienen, lo cierto es que no lo hago hasta que no ha pasado un buen rato y hemos hablado de otras cosas y, entre esas cosas, lo que les digo es que no se pesen en casa. Esta es la condición: te pesas aquí conmigo, pero en tu casa no te pesas hasta que vuelvas.

Pero, ¿Cómo una nutricionista pide a alguien que no se pese? ¿Cómo es posible entonces medir si he mejorado?

En primer lugar, para mi la báscula, es una herramienta en algunos casos, pero en la gran mayoría de casos es un arma de destrucción interna. La báscula, que inofensivamente solo nos da un número, nos provoca sentimientos tales como la frustración, la obsesión, la infelicidad… Y lo hace solo mostrando un número. ¿Cómo es posible? Pues porque si ese número no coincide con el número que nos hemos puesto en mente que era nuestro objetivo, se desencadena un discurso interno destructivo: ¿ves? ¿Para qué haces todo lo que haces si no consigues lo que te propones…?

Bueno, lo cierto es que hay que empezar por explicar que el peso no es todo grasa. Parece obvio, pero cuando alguien dice “es que peso X”, detrás de esa afirmación hay un “eso es mucho”. ¿Por qué es mucho? ¿Acaso sabes cuánto pesan otras estructuras de tu cuerpo que no son grasa? Si no lo sabes, ¿Cómo sabes qué es lo que realmente quieres quitar?

Tenemos en mente un peso que nos hemos fijado como objetivo bien porque una vez en algún momento de nuestra vida pesamos eso alguna vez, o bien porque en algún momento oímos o leímos que alguien pesaba eso, asociamos que ese peso es bello y si nosotras queremos estar en ese punto de belleza, vamos a por ese número sin siquiera pensar en nuestra realidad.

El peso de nuestra báscula es la suma del peso de nuestros huesos, músculos, agua, órganos y grasa. Fíjate, no todo es grasa. Probablemente de grasa no hay tanta como crees, pero tu te has puesto una meta sin evaluar tu estructura. Esto es muy habitual.

Ahora que sabemos que el número de la báscula no es solo grasa, vamos a hablar de porqué hay que desengancharse de ella.

Cuando alguien piensa solo en bajar X quilos o pesar X, no está valorando el camino hacia eso, no está prestando atención a de qué manera sanar sus errores alimentarios que le han colocado donde está ahora. Solo está pensando en el resultado. Esto nos indica que no se ha trabajado la necesidad de un cambio de hábitos y lo que se quiere es un parche: “hacer dieta, pasar hambre, perder el peso que quiero y poder volver a comer como he hecho siempre”. Eso es centrarse en el resultado: perder peso. Y cuando solo nos fijamos en el resultado, la probabilidad de estar insatisfechos es elevada, porque si no alcanzamos la meta, llegan los sentimientos de frustración y pensamientos como “¿por qué yo no lo consigo y los demás sí? ¿Por qué a mi no me funciona? ¿Nunca podré estar como quiero?”

¿Te suenan?

Vale, pues vamos a parar un momento. Además de trabajar la mentalidad y prepararnos para un cambio de hábitos en lugar de “para hacer dieta” (esto lo hablaremos en otro post), hemos de dejar la báscula a un lado definitivamente. ¿Hay otras maneras de saber si estamos logrando objetivos que no nos obsesionen tanto como la báscula? Sí.

  • Podemos evaluar nuestro estado de salud: ¿me siento más ágil ahora que antes? ¿Puedo subir escaleras sin cansarme?
  • Podemos evaluar el volumen: ¿Me queda más holgada la ropa? ¿Me he podido poner aquella prenda que quería?
  • Podemos evaluar nuestra imagen: ¿Me veo la cara más delgada? ¿Me veo mejor en el espejo?

¿Qué otras maneras se te ocurren para evitar la báscula y ver como avanzas hacia tus objetivos? ¡Deja la báscula, libérate ya! 😊

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